Vender propiedad intelectual, la nueva apuesta del software
La
industria del software da empleo a más de 60 mil personas
Tras la devaluación, el software se consolidó como una de
las industrias más florecientes y mimadas del país, lo que se refleja en los
índices de facturación, exportaciones y empleo. Animadas por los buenos
resultados, muchas compañías buscan sumar valor agregado a la producción.
"Hay nichos cuyo objetivo es vender propiedad intelectual, y es nuestra
mayor fortaleza", resume Fernando Racca, presidente de la CESSI , la cámara que
representa los intereses del sector.
A esos nichos le apuntan tanto las empresas
locales como las multinacionales. Y no se trata de un ejercicio teórico. El mes
pasado, Intel, el mayor fabricante de procesadores para PC del mundo, lanzó al
mercado global su AppUp Center, una tienda virtual de aplicaciones para
netbooks, cuya plataforma fue promovida y desarrollada íntegramente por el
Centro de Desarrollo de Software que la firma instaló en Córdoba, en 2006. El
proyecto nació a partir de un mandato de la casa matriz, explica Esteban
Próspero, gerente de Producto de Intel. "El objetivo es expandir las
fronteras de negocio", dijo el ejecutivo.
Con el AppUp, Intel, cuyo negocio principal es
el hardware, se introduce en el universo del software y las tiendas online, tal
como hicieron anteriormente Apple, Nokia y BlackBerry. Google, el gigante de
Internet, lanzó el Android Market Place, con el que busca promover el uso del
Android, su sistema operativo para celulares. Al respecto, Próspero destaca que
la plataforma de Intel "es un cambio de perspectiva de la compañía, en la
que el valor del software cobra una nueva relevancia". El desembarco de
Intel en el país no fue casualidad. La Argentina tiene alta consideración en el mundo de
la alta tecnología como tierra fértil para elaborar software de última
generación. La creación del AppUp –cuyo catálogo incluye más de 1.000
aplicaciones y juegos, algunos gratis y otros pagos– parece confirmarlo.
"En el centro trabajan 250 ingenieros argentinos. Y proyectamos duplicar
la plantilla en los próximos años", asegura Próspero.
En la industria recuerdan otro hecho parecido.
Montado en 2001, antes de la crisis, el laboratorio cordobés de Motorola
incidió particularmente en el desarrollo del Premier One, uno de los productos
insignia de la compañía, diseñado para gestionar llamadas de emergencia al 911
norteamericano. Alvaro Ruiz de Mendarozqueta, director del centro, sostiene que
el sistema de seguridad pública ya funciona en varias ciudades de los EE.UU.,
entre ellas Las Vegas, Miami, Long Beach y Cincinatti. Sobre el potencial y la
capacidad de los argentinos, dijo: "Si no nos tuviesen confianza, no nos
hubieran encomendado una tarea tan crítica. Equivocarse en un software así es
un suicidio para la compañía".
El outsourcing, la tercerización de servicios,
recibe algunos críticas –en especial desde el ámbito universitario–porque
insume mucha mano de obra, que no abunda, para responder a los encargos del
exterior, desde donde se hacen los grandes negocios. Más clarito: mucha fuerza
bruta con poco valor agregado. Desde el sector, sin embargo, aclaran que esto
no siempre es así. Mario Ruede, director de Neoris, una factoría de software
enfocada en consultoría que emplea unas 700 personas, distingue dos modelos:
"Uno, basado en el desarrollo de un software específico para un cliente.
Eso se puede tercerizar. Otro es la producción, el armado y la recomendación de
un sistema, en el que se necesita conocer el negocio del cliente. Ese,
precisamente, es el valor agregado", concluyó.
Fernando Racca, de la CESSI , coincide en la
diferenciación. "Hay empresas cuyo modelo de negocio es ofrecer servicios
pero de alto valor agregado. Pero hay otras que subcontratan trabajos para
atender a sus clientes, que no es lo mismo", dijo, aunque evitó dar
nombres.
Según estimaciones de la CESSI , en el país hay unas
1.400 empresas de software, que facturan anualmente US$2.800 millones. De ese
total, US$550 millones (casi el 20%), son producto de las exportaciones.
El de los videojuegos, uno de los nichos más
jóvenes de la industria, es un caso asombroso. A pesar de su corta trayectoria,
la ADVA
(Asociación de Desarrolladores de Videojuegos de la Argentina ), calcula que
son 65 las empresas ligadas a un sector, que emplea 2.000 personas
(diseñadores, artistas, dibujantes y programadores), factura US$50 millones y
exporta el 95% de su producción.
"La industria local viene creciendo
fuerte desde 2004, pero muchos consideran que el negocio todavía no terminó de
explotar", dijo a iEco Miguel Martín, director ejecutivo de la ADVA , e interpretó que el
software comparte criterios con la música y el cine: "El principal valor
es la propiedad intelectual".
Guillermo Averbuj, ejecutivo de Sabarasa,
asegura que la mayor parte de los desarrollos se destinan al exterior.
"¿La razón? No existe el mercado local para los juegos, todo es piratería.
Lo que sí crece mucho es la distribución digital. Hay varias plataformas en
Internet dedicadas exclusivamente a la venta y promoción de juegos",
sostuvo. Con 32 años, Averbuj se considera "un viejo" para la
industria, cuya edad promedio ronda los 27 años.
Es interesante ver la cantidad de personas capacitadas y especializadas en temas tan complejos como la creacion de softwares, mas en un pais como Argentina considerado subdesarrollado. Uno siempre se imagina que todas estas creaciones surgen en paises mas avanzados. Creo que esto es muy positivo.
ResponderEliminarEs importante recordar que:
La inscripción registral supone una protección de los derechos de propiedad intelectual, en tanto que constituye una prueba cualificada de la existencia de los derechos inscritos.
¿Es obligatorio el registro de la Propiedad Intelectual?
El Registro es voluntario. Por lo tanto, no es obligatoria la inscripción en el Registro para adquirir los derechos de propiedad intelectual, ni para obtener la protección que la Ley otorga a los autores y a los restantes titulares de derechos de propiedad intelectual.